Nerja cambia mucho de una estación a otra. En verano, el Balcón de Europa y las playas están llenos; de
noviembre a marzo, buena parte de los apartamentos turísticos se quedan cerrados y el ritmo baja de golpe.
Para quien vive aquí todo el año, ese contraste tiene consecuencias. Lo vemos sobre todo en dos perfiles:
personas jubiladas que se instalaron en la zona —de otras partes de España o de fuera— y que en invierno
pierden buena parte de su red social; y personas que han vivido muy volcadas en el trabajo de temporada y se
encuentran, al terminar, con meses de poca actividad e incertidumbre.
El aislamiento no es un diagnóstico, pero es un terreno en el que aparecen con facilidad el ánimo bajo, la
ansiedad, el
insomnio o un duelo
que no se ha podido elaborar lejos de la familia. Si notas que los meses de invierno se te hacen cada año más
cuesta arriba, es un buen motivo para consultar.